Columna de opinión: El Diablo se calcinó en su propio infierno

Tras un 2018 de fracaso rotundo, América se despidió de la Liga con más penas que glorias.

Sin duda alguna, América de Cali representa la “pasión” de todo un pueblo y esto se puede evidenciar en medio de aquellos que, con fervor, han vivido las altas, bajas, éxitos y desastres de una institución, de un equipo, que hoy no es más que el recuerdo de aquella que logró alzarse con el pentacampeonato del rentado local.

Y es que el hincha del “Rojo” se acostumbró a disputar instancias importantes, a ver al equipo siempre en lo más alto del fútbol sudamericano y, lastimosamente, el presente de la escuadra obligó al aficionado a quedarse sumido en un pasado glorioso, que parece no volverá.

El declive del equipo se gestó desde la permisividad del máximo accionista del equipo, quién olvidó su posición y tomó decisiones bajo malas asesorías e incluso, no consiguió mostrar autoridad ante algunos jugadores que hicieron a sus anchas sin control alguno, además de darle continuidad a un “técnico” inexperto, en el que ni siquiera los directivos de la institución creían; pero quizá, por orgullo, prepotencia, o simplemente por llevarle la contraria a la opinión pública, se sostuvo a un entrenador en el banco de los Rojos, que no poseía el bagaje para ocupar dicho lugar.

Por algo dicen que “Lo que empieza mal, termina mal”. Bien, un “proyecto” que inició sin una cabeza real de autoridad, terminó deformándose en el camino y como la muerte de una crónica anunciada: América se fue hundiendo en su propio infierno.

Futbolistas que estaban más preocupados por el salario del compañero que por jugar o con la cabeza enfocada en la exigencia de premios sin haber ganado absolutamente nada, hicieron del equipo una bomba de tiempo y, como si de una pandemia se tratase, la amnesia futbolística se apoderó de toda una plantilla que se quedó con lo hecho en el ascenso, sin darse cuenta que eso tan sólo fue el primer escalón y que, luego de tan importante empresa, era necesario volver a ser protagonistas en la Primera División.

Sin embargo, no se puede negar que el protagonismo se logró, aunque fuera por los papelones en la cancha y por la los conflictos en el camerino. También sucedió que se observó de forma nefasta a los torneos de Conmebol, como si fueran algo minúsculo y se tiró a la basura la posibilidad de llegar a instancias importantes en la Copa Sudamericana, perdiendo la clasificación en casa ante Defensa y Justicia, que finalmente, fue superior en todos los aspectos, superando a los “rojos” con justicia. Posteriormente, para completar los males, ante Leones se perdió la clasificación por una vía accesible a la Copa Libertadores del próximo año.

Dentro de un ambiente hostil entre hinchas e institución y con la casa en llamas, llegó Fernando Pecoso Castro para hacerse cargo de una “papa caliente”, misma que fue tomada por otros antes que él y no salieron bien librados. Con el arribo de un hombre conocido por su estricta manera de trabajar, se pensó que se podría acceder a lo último que le quedaba al América: la clasificación a los playoff del torneo local.

Más, lastimosamente, los “momentos de chispazos” fueron la constante de este equipo en todo el año y ese combustible no alcanzó. No sólo de ganas o de intenciones se pueden lograr los objetivos trazados; nunca se tuvo una idea clara de juego, mucho menos hubo alguien que contestara la pregunta de “¿Para qué estaba este América?”. Hoy, luego de una paupérrima temporada, se pudo concluir que el equipo no estuvo NUNCA a la altura de lo que se encaró y que, también a Pecoso, lo quemó esta papa caliente. Pero, sobre todas las cosas, quedó claro que en el ADN de la institución no existe la mentalidad de armar un proceso serio, ya que en pro de la inmediatez y de acuerdo a las circunstancias, se continuará sacando técnicos a diestra y siniestra, porque ya se sabe que es más fácil sacar a uno, que a toda una plantilla.

Un año lleno de sin sabores, tanto o quizá un poco más que las cinco temporadas en Segunda División. En teoría, se piensa que los hombres suelen aprender de sus errores, por lo que esperamos que este sea el caso y que, desde la dirigencia, haya quedado claro lo vital que es contratar correctamente y, ante todo, tener una proyección seria, con objetivos claros. Queda, entonces, abierta de nuevo la pregunta con todo lo ya vivido; en 2019, ¿qué se puede esperar de América de Cali?

Steven Cardona
@StevenCardona31

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