Columna de opinión: El Cali nos duele a todos

Llegar al límite. Estallar sin importar lo que haya en frente. Olvidar la cordura que se debe tener y volver a ser persona, débil, humano, volver a tener corazón. Todo lo anterior le sucedió a Héctor Cárdenas en la noche del domingo, tras ganar el clásico 1-0 a América.

Cansado de tener a la prensa, la hinchada y un sector del Deportivo Cali en contra, el joven entrenador explotó en llanto y rabia, desahogando todo lo que, en una semana, le había producido el vaivén de rumores, verdades o mentiras que se habían generado alrededor de la institución verdiblanca.

Es normal que suceda. Que de un momento a otro la presión le juegue en contra y necesite decir lo que siente. Cárdenas ha demostrado ser un hombre que poco se enfrenta a los medios, que no genera controversia, que, parece a veces, le teme a los micrófonos, a la prensa.

Nos sorprendió a todos. A quienes pensamos que este barco ya no puede ser conducido por él, a quienes lo defienden porque creen en su proceso, o por amistad, o por colegaje. A la prensa, a la hinchada, al fútbol colombiano.

Quizá también nos tocó un poco el corazón y nos hizo pensar en lo mucho que olvidamos a la persona que está detrás de un técnico, un jugador, un directivo. El humano detrás del cargo. Un freno a nuestras alocadas formas de ver el fútbol más allá de lo terrenal.

Sin embargo, como a Cárdenas le duele el Cali, a nosotros también. Los hinchas que cada fin de semana separamos dos, tres, cinco o hasta siete horas para ver a un equipo que, últimamente, no tiene alma. A quienes, por encima de las críticas, tomamos un bus o un avión para acompañar un equipo que, en la cancha, no
da muestras de agradecimiento por esos esfuerzos.

De Cárdenas puede que no haya queja alguna por su forma de ser. Me cuesta creer que haya quien piense que lo del domingo fue una estrategia para que Álvaro Martínez lo mantenga en el cargo. Creo en la honestidad del técnico, en su amor por el Deportivo Cali y en que, como ser humano, tuvo la necesidad de soltar todo lo que lo agobiaba.

Pero también creo que si su amor es tan grande por la institución, si siente que este escudo es tan de él como lo sentimos nosotros, es necesario que sea autocrítico con su desempeño. Aferrarse al cargo, “luchar por lo que se quiere” -como me dijeron por ahí-, no lo hace mejor hombre ni mejor técnico.

Cuando la tranquilidad se ve irrumpida, cuando tu familia está sufriendo de más, cuando a tu institución le está costando de más tu presencia en un cargo, es de valientes dar un paso al costado. No por querer ir contra la corriente se saca adelante un proceso.

Incluso, pienso, hace más por su carrera renunciando a este proyecto que sosteniendo lo que ya por peso propio se cae. De por medio está en juego su profesión, una que no ha dejado buenas sensaciones ni en este ni en su periodo anterior como técnico del Cali.

De por medio está en juego la campaña del equipo, 12 puntos de 30 posibles. 4 fechas de local que no vemos una victoria, cuando nuestro estadio fue la fortaleza indestructible por 27 fechas. Dos, casi tres, de los objetivos perdidos: una final entregada bajo la vergüenza de un 5-1, eliminado de Suramericana y con serias posibilidades de no tener mayor éxito en esta Liga. Solo una meta en firme: la Copa.

Para nadie es un secreto que esta fue la apuesta más arriesgada de Martínez, quien jugaba con su futuro en la institución, y de paso con el de la misma, porque lo que se ve al frente no es bueno. Una apuesta que le está costando al Cali y que ni la soberbia de Martínez, ni la terquedad de Cárdenas han querido aceptar que perdieron.

Y en ese sentido, deben ser sensatos los dos. La Copa, aunque sin decir que no es importante, no puede ser la vara para medir al Deportivo Cali, no cuando te han puesto a tu disposición un plantel con jugadores de talla internacional, unas instalaciones que hasta los más grandes de Colombia envidiarían, el mejor equipo humano que puede tener un club en Sudamérica.

Eso, puesto en tus manos, tiene que exigirte más y Cárdenas, hasta ahora, no le ha devuelto a la institución la inversión hecha y la confianza manifestada.

Reitero, como lo dije al finalizar la rueda de prensa del domingo, ser buena persona no puede aferrarte a un cargo. No lo hace ni en el fútbol ni en cualquier otro campo laboral. Y es claro que a Cárdenas dirigir al Deportivo Cali le ha costado, por todo lo que implica estar al frente de esta institución, tan compleja por sus socios, sus hinchas y el momento político que vive.

El fútbol es un mundo hostil, que le ha obligado a andar con guardaespalda -una triste noticia porque nadie de este entorno tendría por qué vivir con miedo-. Y en ese sentido, Cárdenas necesita forjar carácter, uno que se necesita con mayor intensidad para dirigir un club como el Cali.

Hasta el momento, su debilidad mental ha sido notoria y ha contagiado al grupo, demostrando varias veces en la cancha que la crisis los acongoja, los descontrola. Tener la capacidad de enfrentar un momento difícil en un club solo se consigue con la experiencia y el Cali no representa el mejor entorno para empezar.

El Deportivo Cali es de todos, a cada uno de nosotros, desde nuestro rol, nos duele. No permitamos que un sentimiento se ponga por encima del nombre del club, porque incluso si en algún momento el bienestar de mi equipo dependiera de un paso al costado de mi parte, lo haría con todo orgullo, por Alex Gorayeb, por Fernando Castro, por Gallegol, El ‘Tigre’ Benitez, don Pancho, Popovic, Miguel Escobar. el ‘Maestro’ Arboleda y tantos nombres que hicieron de esta una gran institución, que escribieron con tinta de gloria la historia de mi club, que no merece ser opacadapor la terquedad y las sensaciones de nadie. Primero el Cali, el mundo después.

Por: Sara Otálora
Twitter: #SaraOtalora

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